¿Qué es el síndrome doloroso del trocánter mayor?
Síndrome doloroso del trocánter mayor (GTPS), en otro tiempo conocido como trocanteritis o bursitis trocantérea, es un término utilizado para describir un conjunto de síntomas localizados en la cara lateral de la cadera, que se puede acompañar de irradiación al lateral de la pierna hasta la rodilla e, incluso, hasta el pie. Suelen aparecer al acostarse sobre la cadera afecta, tras bipedestación prolongada o en el paso de sedestación a bipedestación, durante la marcha o al subir y bajar escaleras.
Se trata de una patología con una prevalencia de entre el 10% y el 20 % de la población, con una mayor incidencia en edades entre los 40 y los 60 años, en mujeres, y también se ha relacionado con la obesidad.
Dentro de las estructuras que se relacionan con esta patología, tienen una gran importancia los músculos glúteo menor y medio y, sobre todo, sus tendones de inserción el trocánter mayor. La presencia de afectación tendinosa o disfunción muscular en esta musculatura, por pérdida de fuerza o de control motor, explica en muchos de los casos el dolor localizado en la cara lateral de la cadera.
La inflamación de la bursa subglútea también se asocia con el GTPS.
Otras patologías que pueden asociarse a este tipo de dolor son el síndrome del tensor de la fascia lata (Del corredor), patología de rodilla y dolor lumbar.
Exploracón y tratamiento
El abordaje de esta patología desde la fisioterapia se va a basar en la realización de una historia clínica a través de la información dada por el paciente y una exploración exhaustiva con el objetivo de encontrar las herramientas necesarias para su tratamiento.
Dentro de la exploración, se debe realizar un diagnóstico diferencial para localizar la región responsable del dolor. En toda patología presente en extremidades se debe valorar la influencia de la columna vertebral en la aparición de síntomas. En un estudio reciente, hasta un 45% de los dolores localizados en la región de la cadera se resolvieron realizando un tratamiento dirigido únicamente a la columna lumbar. Además, se debe valorar la implicación de otras estructuras como la rodilla o las articulaciones sacroilíacas.
Ante la presencia de una tendinopatía ya sea del glútea medio o menor, el abordaje debe dirigirse en fase aguda a disminuir las fuerzas de compresión sobre la estructura tendinosa. Dentro de estas situaciones se ha observado que posiciones en las que la cadera se sitúa en aducción, como cruzar las piernas en sedestación o tumbarse tanto del lado afecto como del lado contrario, producen dicha compresión, por lo que será interesante evitar o modificar esas posturas. Además, se recomienda evitar situaciones que aumenten el dolor como marchas prolongadas o subir y bajar escaleras.
Como medidas analgésicas, se han utilizado durante mucho tiempo las infiltraciones de corticoides, que producen una mejoría a corto plazo, pero no parece mantenerse la mejoría a medio y largo plazo. Como alternativa, y de manera no invasiva, el tratamiento con ondas de choque parece generar analgesia a corto plazo y mantenerse los beneficios tanto a medio como largo plazo debido al efecto biológico asociado a esta terapia.
Al tratarse de una tendinopatía, se va a asociar engrosamiento o estrechamiento del tendón de inserción, y debilidad y disfunción de la musculatura glútea. Por ello, será de gran importancia la realización de un trabajo de fortalecimiento progresivo y adaptado a la funcionalidad y el dolor del paciente. En fase aguda se recomienda comenzar por ejercicios isométricos por su efecto analgésico en el dolor tendinoso. Una vez superada dicha fase, se deben ir incluyendo ejercicios de fortalecimiento concéntrico y excéntrico, con el fin de recuperar una correcta función muscular.
Una disfunción de la musculatura glútea, cuya principal función es la estabilización de la cadera, va a tener como consecuencia la realización de compensaciones que van a alterar la alineación de la extremidad respecto al tronco tanto en la estática como en la realización de gestos funcionales. En fases avanzadas de la recuperación, los ejercicios de fuerza deben combinarse con ejercicios de control motor y de propiocepción en posiciones que se asemejen a esos gestos funcionales que realiza el paciente, para obtener una recuperación completa.
